Desde SALUTARIS HOSTIA
La novena tiene el Imprimátur emitido
por el Gobierno Eclesiástico de la Archidiócesis de Buenos Aires en 1926.
COMENZAMOS:
2 de febrero.
FINALIZAMOS:
10 de febrero.
APARICIÓN: 11 de febrero de 1858 en Lourdes.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de las almas, que te
dignaste enviar a la tierra a tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera
de tu misericordia, anunciando a los hombres la penitencia, me postro humilde a
tus pies, e imploro con profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables
culpas. Para comprender el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma
sin mancha, me basta contemplar la incomparable hermosura de la cual te
dignaste revestir a tu Madre purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu
bondad infinita y por lo mucho que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por
haberte ofendido y manchado mi alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama,
Señor, sobre mí tu misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia
que, en tu nombre, me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y
mereceré la perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA
TODOS LOS DÍAS.
Al
presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el
nombre bendito de Virgen de Lourdes, cumplo
con el deseo que manifestaste a todos tus hijos por medio de Bernardita, la
hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las muchedumbres postradas a tus
plantas y para atraerlas más eficazmente, nos hiciste entrever los esplendores
del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de tu eterna juventud. Como la
paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a las aberturas de la piedra, a
la Gruta de la montaña, y el mundo contempló admirado los reflejos de tu
resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz dulcísima. Confirmando con tu
palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice Supremo que acababa de
proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu Concepción, llenaste su
corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las lágrimas y los gemidos
de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias, llegaron hasta el trono
de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión, acudiste presurosa para
sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la tierra dócil salió el
agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud devuelve vista al ciego y
palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen sensible de la gracia que,
pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las almas.
A
tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para
escuchar tu voz, exponer mis necesidades y solicitar tus maternales favores.
Bernardita era pura cuando se acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que
soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean
los ángeles del Cielo? Tu bondad
para con los pecadores me alienta, ¡oh María!
Dadme luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme
con el manto de tu maternal protección, para que en esta novena comprenda tus
enseñanzas, me someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma
la ira de Dios y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.
DÍA PRIMERO – 2
de febrero.
MEDITACIÓN:
PRIMERA APARICIÓN DE LA VIRGEN A BERNARDITA
Era
Bernardita una niña desconocida del pueblo de Lourdes, en Francia. Inocente y
piadosa, había llegado a la edad de 14 años, sin hacer su primera comunión, por
haberse criado lejos de la casa de sus padres.
El
día 11 de febrero de 1858 salió a buscar un poco de leña acompañada de otras
dos muchachas, y se dirigió hacia la gruta de Massabielle. Al llegar al pie de
dicha gruta, la niña oyó un ruido sordo semejante a un viento recio. Miró, y no
vio nada. Ni los árboles se movían. “Me habré equivocado”, pensó. Tras pocos instantes, el
ruido misterioso se volvió a oír. Alzó la niña la vista, y miró hacia la gruta
y quiso dar un grito, pero la emoción apagó su voz. Atónita ante el espectáculo
que contempla, cae de rodillas. ¿Qué ha visto? En
medio de una luz deslumbradora, una Señora prodigiosamente bella aparece a los
ojos de la muchacha. Va vestida con traje blanco, resplandeciente, ajustado el
talle con ceñidor de color celeste. Un largo y ancho velo blanco cae de la
cabeza hasta el suelo y envuelve en sus pliegues su cuerpo. Sus pies, de
virginal pureza, están desnudos, pero adornados con rosas de oro. La dama tiene
juntas las manos en la actitud de la más fervorosa oración. De sus brazos
cuelga un precioso rosario.
Al
contemplar esta celestial visión, el corazón de la niña parece derretirse en
dicha y emoción. Bernardita buscó su rosario y quiere hacer la señal de la
cruz, mas su brazo está paralizado. Entonces tiene miedo. Mas al momento la
Visión, tomando en su mano la cruz de su rosario, hace con ella la señal de la
cruz. Imítala Bernardita, y al ver las cuentas del rosario correr entre los
dedos de la Señora, la niña reza su rosario hasta el fin, con inefable
devoción. Al fin, la Señora extiende su brazo, sonríe con dulzura y desaparece.
La Virgen María, pues era Ella, ha vuelto otra vez al secreto
impenetrable de los Cielos.
Réstanos
ahora considerar cuán agradable debe ser a María la sencillez y la pureza, pues
escoge para mensajera de sus voluntades para con los hombres, a la más inocente
y más sencilla de las tres compañeras que han ido a la gruta. Y en efecto,
escrito está: Bienaventurados los limpios de corazón, sólo ellos son capaces
de ver a Dios y de comprender las cosas del Cielo.
—Aquí se medita y se pide la gracia que
se desea conseguir. En seguida se anuncian las intenciones generales: La Santa Iglesia, la Patria, los gobernadores
eclesiásticos y civiles, la enseñanza católica, la salud de los enfermos, y la
conversión de los pecadores.
NUESTRA SEÑORA DE
LOURDES: Ruega
por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
SALUD DE LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco
Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
REFUGIO DE LOS PECADORES: Ruega por nosotros. (Cinco
Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
Oración del día primero
¡Nuestra Señora de Lourdes! En memoria de esa primera aparición,
cuya verdad atestiguarán tantos posteriores sucesos, en nombre del misterioso
silencio que cerraba vuestros benditos labios, en nombre de la modestia de
vuestros vestidos, en nombre de la elección que hicisteis de una gruta desierta
para manifestaros a las miradas de la inocencia: dadnos el amor al retiro, a la
simplicidad y al silencio; que aprendamos a huir del bullicio, de la agitación,
del lujo, de cuánto separa de la gracia de Dios. Refrenad la libertad de
nuestra lengua, recordad siempre a nuestra conciencia que de todas nuestras
palabras debemos dar cuenta en el Juicio final. Curad nuestras extremas
delicadezas y nuestras vanidades ridículas, nuestro apego insensato a la moda
del día, a los adornos, a las joyas, a los muebles inútiles, a las frivolidades
de toda especie, al afeminado deseo de bien parecer. Curad nuestro culpable
amor por las pompas de satanás, a las que hemos renunciado en nuestro bautismo
y que sólo son dignas de nuestro desprecio. Haced que comprendamos la verdadera
riqueza de la pobreza.
Curad
nuestra loca estimación por el mundo y hacednos siempre recordar que Jesucristo
no ha rogado por el mundo y ha maldecido su espíritu. Además del amor al
retiro, a la pobreza y el silencio, os suplicamos nos concedáis el amor a la
oración. ¡Oh María!, en memoria del Rosario que vio
Bernardita en vuestras sagradas manos, enseñadnos a invocaros con esa piedad
filial que todo lo consigue y a deciros con los mismos sentimientos que el
Ángel Gabriel y que los fieles corazones: “Dios te salve María, llena eres de gracia, el
Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu
vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora
y en la hora de nuestra muerte. Amén”.
PRÁCTICA:
Hacer despacio, bien y con mucha devoción la señal
de la cruz.
GOZOS EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE
LOURDES
Virgen
Santa Inmaculada,
De
la Gruta misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
Allá
en las verdes riberas
Donde
sus aguas de plata
El
manso Gave desata
Dando
vida, inspiración.
A
la sombra de sus bosques
La
humilde Lourdes reposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
De
verduras tapizadas
Se
levantan sus montañas
De
cuyas ricas entrañas,
Con
admirable primor,
Se
desprende una ancha Gruta
Que
cubre silvestre roca.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
Hacia
las faldas del monte
Subió
un día Bernardita,
La
aldeana de Dios bendita
Por
sus gracias y candor,
A
formar haces de leña
Que
diera fuego a su choza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
Súbitamente
a la Gruta
De
luz un rayo ilumina,
Y
en una aureola divina
Más
esplendida que el sol,
La
reina del Cielo y tierra
Su
planta en la roca posa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
“No temas, hija querida,
Levanta a mí tu mirada,
Soy María Inmaculada,
Soy la Madre de tu Dios
Por teatro elijo este sitio
De mi mano portentosa”.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
Dijo
la Virgen, y envuelta
Por
los pliegues de una nube
Al
Cielo de nuevo sube
Que
a su paso se entreabrió:
La
aldeana vuelve a la vida,
De
placer su alma rebosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
Al
pie de esta misma Gruta,
Diez
y ocho veces la aldeana
De
la Virgen soberana
La
vista recibió,
Otras
tantas desafiando
Al
malvado victoriosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
Sellar
quiso sus bondades
La
Señora eternamente,
Con
una límpida fuente
Que
entre las rocas brotó,
Al
contacto repentino
De
la niña candorosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
En
esas aguas del cielo
El
hombre encuentra la vida,
Huye
la muerte aterrada,
Calma
el triste su dolor,
Y
en los triunfos de María
La
Iglesia Santa se goza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
El
lejano peregrino
Va
a postrarse ante esa roca
Donde
el mundo entero invoca
Tu
Divina Concepción.
¡Bendita seas, María!
Que
de Dios eres Madre, Hija y Esposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
Virgen
Santa Inmaculada
De
la Gruta Misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.
Acabo
de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la tierra por
medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu misión divina a
la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los milagros a favor de
los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los sordos; habla a los mudos
y salud completa a los enfermos agobiados por toda clase de dolor.
En
estos enfermos, ¡oh Madre piadosa!, reconozco
las dolencias de mi alma que tú has venido a sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se ha extraviado del camino
del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de Dios que la llamaba
atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha dejado de alabar a
Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus múltiples enfermedades,
ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores
y salud de los enfermos!,
sana mi alma de las enfermedades que la aquejan. Guíame sin cesar por el camino
del bien, haz que mi alma oiga siempre la voz de Dios y no la desatienda jamás,
y que cante siempre sus alabanzas; líbrala de todas las enfermedades que la
agobian, para que libre del peso de la tentación y del pecado, siga tus
huellas, imite tus virtudes y te acompañe en tu vuelo hacia la patria feliz. Así
sea.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠,
y del Espíritu Santo. Amén.
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